top of page

Poner a la vida en el centro. Reflexiones para comenzar el año.

  • Foto del escritor: Comunicaciones
    Comunicaciones
  • 12 ene
  • 4 Min. de lectura

Por Hania Harmsen.


Hania Harmsen, coordinadora de Entornos nos ofrece una reflexión sobre la individualización del bienestar y cómo esta nos aleja de construir un mundo más justo y equitativo.


“Es precisamente en contextos marcados por la guerra, la expoliación y la incertidumbre estructural donde se expande la idea de que la respuesta al desorden del mundo puede encontrarse únicamente en la satisfacción individual de nuestras necesidades”


Comenzar un nuevo año siempre despierta en nosotras una mezcla compleja de esperanza, inquietud y reflexión. Para muchas, enero es ese momento en que se nos invita a pausar, mirar atrás, tomar perspectiva y volver a preguntarnos ¿para qué y para quién hacemos lo que hacemos? En medio del ritmo acelerado que marca nuestras jornadas, este gesto aparentemente simple adquiere un carácter profundamente radical y hoy resulta más necesario que nunca.


Porque, aunque los discursos mercantilistas nos intentan convencer de que el bienestar depende únicamente de la gestión individual de nuestras emociones y esfuerzos, la realidad nos recuerda algo fundamental: nadie vive, trabaja ni sueña aislada. La vida ha sido construida históricamente dentro de un entramado comunitario, tejido por manos diversas, sostenida por tierras compartidas y defendida en colectivo.


Reducir el bienestar a un proyecto personal no solo distorsiona su sentido, sino que invisibiliza las condiciones sociales, económicas y estructurales que moldean nuestras vidas. Esta lógica individualiza problemas que son colectivos, responsabilizando a cada quien de sus carencias sin cuestionar las causas de la desigualdad y del deterioro ecosocial. En las ciudades y centros urbanos, se insiste en que “si estamos mal” debemos esforzarnos más, ser más productivos u organizarnos mejor, como si el malestar no tuviera raíces en violencias estructurales, precarización del trabajo o políticas públicas insuficientes.


La escala global de la hiper individualización del bienestar


A la par, avanzan también fuerzas económicas y geopolíticas que subordinan la vida a intereses extractivos. En América Latina, Maristella Svampa ha descrito este proceso como un “consenso extractivista”. Se promociona un modelo que privilegia la extracción ilimitada de recursos (o bienes comunes) por encima de los territorios y de las vidas que los habitan. Este consenso se sostiene tanto desde gobiernos progresistas como conservadores, a pesar de que conlleva el desplazamiento de comunidades, la erosión de ecosistemas y la profundización de las desigualdades.


En este escenario, donde la vida queda subordinada a intereses geopolíticos, es imposible ignorar los acontecimientos recientes. La invasión militar del gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, en Venezuela (cuyo desarrollo está en curso y aún no podemos saber su magnitud total) continúa una larga historia de intervenciones estadounidenses en la región, motivadas por intereses geoestratégicos vinculados al despojo territorial y económico. Sus efectos no son abstractos y se encarnan en cuerpos y geografías específicas, amplificando la inestabilidad y profundizando condiciones de precariedad que atraviesan la vida cotidiana.


Es precisamente en contextos marcados por la guerra, la expoliación y la incertidumbre estructural donde se expande la idea de que la respuesta al desorden del mundo puede encontrarse únicamente en la satisfacción individual de nuestras necesidades. Como advierte Anna Tsing, el capitalismo contemporáneo empuja a las personas a sostener “proyectos de supervivencia” en paisajes fragmentados y dañados, donde la vida queda reducida a nichos aislados mientras el mundo común se degrada.


“En ese marco, el repliegue al bienestar personal no es una elección libre, sino una respuesta forzada que termina debilitando nuestra capacidad de actuar colectivamente.”


La alternativa que presenta Latinoamérica


Pero la región también nos ofrece otras enseñanzas. Los territorios latinoamericanos nos muestran cómo sostener la vida. No como un ideal romántico, sino como una condición material construida históricamente a través de redes de reciprocidad que alimentan economías y modos de vida. Estas prácticas están presentes en las economías campesinas, las mingas, los ayllus, las asambleas barriales, las ollas comunes, las rondas comunitarias y los sistemas de cuidado y soberanía alimentaria, no como experiencias idealizadas ni exentas de conflicto, sino como formas de organización que persisten a pesar del abandono estatal, la precarización y las múltiples formas de violencia. Sus prácticas agroecológicas, modos de gestionar el agua y formas de organización muestran que otra economía que pone el centro en la reciprocidad, la solidaridad y la reproducción de la vida es posible. 


Todo esto nos devuelve a la pregunta inicial: ¿para qué y para quién hacemos lo que hacemos? Porque cuando nuestras aspiraciones se desconectan de la política y del territorio, reproducimos la misma lógica que multiplica guerras, degrada la tierra y permite que unas vidas valgan más que otras.


“El bienestar individual desligado de la política se traduce, inevitablemente, en retroceso ecosocial.”


Por eso, en este primer mes del año, quizá el desafío no sea escribir mejores propósitos personales, sino construir mejores propósitos colectivos. Imaginar un horizonte donde el cuidado no sea una meta privada, sino una tarea compartida. Esto exige responsabilidades empresariales, compromisos estatales, acuerdos comunitarios y políticas que prioricen el cuidado del territorio en su sentido más amplio, por encima de cualquier interés extractivo. Requiere, también, que sigamos defendiendo la posibilidad de vidas dignas para todas.


Que este año nos encuentre cuidando la vida, fortaleciendo las redes que la sostienen y construyendo futuros posibles desde lo colectivo.


*La opinión expresada es personal a la autora y no representa la postura institucional de Entornos por el Buen vivir.

Comentarios


bottom of page