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Incendios forestales y el fenómeno del niño: la crisis que sí se vio venir

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Comunicaciones
hace 3 días
4 min de lectura

Informa Entornos por el Buen Vivir


La semana pasada la crisis de incendios forestales en el Perú llegó a un punto crítico. Iniciando el día 13 de octubre de 2026, el mapa interactivo del servicio nacional forestal y de fauna silvestre (SERFOR) señalaba 349 focos de calor a lo largo del territorio nacional, confirmaba 132 incendios forestales de los cuales 76 estaban ya siendo extinguidos, 49 seguían activos y 7 controlados a nivel nacional. 


Según la Agencia de Noticias Andina[1] , los incendios forestales en el Perú, que hasta el momento han afectado a 22 de las 26 regiones de nuestro país, han tenido como consecuencia quince personas muertas y casi cien heridas en lo que va del año. Además el medio periodístico menciona las cifras compartidas por el coordinador del COEN (Centro de Operaciones de Emergencia Nacional), donde casi 1500 hectáreas de cultivo fueron asoladas por los incendios. Se perdieron 334 animales de ganado y han resultado heridos casi 4400, a estos números le sumamos la pérdida total de casi 2300 hectáreas de árboles y pastos y 1500 hectáreas más afectadas. 


Los incendios forestales en Perú no son una novedad, además de los ocasionados por la negligencia y los accidentes, la mayoría de ellos nacen como consecuencia de las quemas de restos agrícolas así como de pastizales y pajonales en la sierra y selva de nuestro país. Esta práctica, considera que el carbón resultante de las quemas ayuda a abonar la tierra y nutrir el suelo para la próxima siembra. El calor de la temporada más los vientos que inician en agosto nos llevan a un escenario similar todos los años. Si bien esta puede ser una práctica común y extendida, el contexto de cambio climático y sequías extremas hacen necesario repensar estas prácticas. Otro factor relevante, principalmente en la amazonía, puede ser la conocida como Ley antiforestal, que permite cambiar zonas de bosques degradadas por fuego a zonas agropecuarias, promoviendo estos incendios principalmente en la amazonía.[2]


El fenómeno del niño se produce por el calentamiento del océano Pacífico central. Este aumento de temperatura regula y altera el clima en todo el planeta, su frecuencia no tiene un calendario exacto pero varía entre dos y siete años y dura alrededor de un año. Un fenómeno conocido pero, para la coyuntura actual, atípico. Ya denominado como El Niño Extraordinario, los científicos predicen que este podría ser el más crítico en siglos[3] y ya está teniendo repercusiones a nivel mundial.[4]


Pero el calor del 2026 es el calor del año de El Niño Extraordinario más el calor del cambio climático,  realidad ambiental muchas veces negada y refutada por los aliados del gran poder mercantil que basa su riqueza en la extracción de recursos naturales al menor costo en los países del sur global. La quema de combustibles fósiles, por dar un ejemplo, calienta el planeta y lo que menos necesitamos durante la llegada de un fenómeno anunciado como extraordinario que se alimenta de calor, es más calor. Lo mismo sucede con las fuentes de agua, que son muchas veces acaparadas por las empresas mineras de toda escala, y que limitan el acceso a estas de las personas y ecosistemas andinos. 


El calor y la falta de agua tienen un costo caro en países que no tienen planes de contingencia para fenómenos meteorológicos anunciados, y el caso del Perú no es ajeno a esto. Ya se predicen mayores sequías para los territorios  de la región andino amazónica en lugar de lluvias.[5] ¿Qué le depara entonces a los territorios que tendrán mayor afectación por los incendios forestales ante la inminente sequía?


En el caso específico de Apurímac, se registraron distintos incendios a nivel regional. Según reportes preliminares del INDECI (Instituto Nacional de Defensa Civil), en el distrito de Antabamba, en la provincia del mismo nombre[6] se han perdido más de 50 hectáreas de cobertura natural; en el distrito de Haquira, en la provincia de Cotabambas se destruyeron 45 hectáreas y seis personas quedaron damnificadas [7] y en el distrito de Pataypampa, en la provincia de Grau, 70 hectáreas sufrieron las consecuencias de los incendios forestales[8], por mencionar algunos. Integrantes del equipo de Entornos por el Buen Vivir presenciaron los incendios en los distritos de Haquira y Antabamba y reportan que tardaron al menos dos días en apagarse. 


Muchas de las zonas no tienen presencia estatal que dé cuenta de estos sucesos, por lo que la vigilancia y reporte ciudadanos son tan importantes. En un año que va a ser difícil por la falta de producción de alimentos en la costa y los altos precios de los fertilizantes químicos para la agricultura convencional y la agroindustria, se suma que la agricultura más cercana a la población, como la familiar, se ve afectada también por los incendios y la sequía. 


Por ello era indispensable contar con planes de contingencia que permitan recuperar fuentes de agua para asegurar que los ecosistemas y las personas tengan acceso a este elemento vital. Es necesario que se den normas y decretos de urgencia para priorizar el uso del agua para fines de consumo humano y no para fines extractivos, mientras dure la emergencia por el Fenómeno El Niño. Además, debe ponerse a disposición de la población presupuestos para hacer siembra de agua y zanjas que limiten el avance del fuego en zonas de peligro. Si bien es importante tomar medidas para la emergencia, es también un llamado de atención a la necesidad de mirar en el mediano y largo plazo, y reconocer que la forma de relación con la naturaleza que tenemos nos está llevando al colapso, que no es muy tarde para enmendar nuestro camino y promover una convivencia saludable con nuestro entorno y con las personas. Existe suficiente en el mundo para sustentar una vida plena para todas y todos, pero se necesita una redistribución global y frenos a la adicción actual al crecimiento económico como parámetro de bienestar. Esto solo ha llevado a que los billonarios terminen con nuestra tierra y dejen migajas quemadas para los más de 8 mil millones de personas restantes en ella. Necesitamos acciones urgentes e inmediatas, y también repensar los mundos posibles y amables en los que queremos vivir.



Referencias/Fuentes

[3]Video Fenómeno del Niño. BBC. https://www.bbc.com/mundo/articles/c6r7dx213xjzo


Recurso:

Mapa de calor - mide probabilidad de incendios a través de una transición visual, generalmente desde los colores fríos (azul, verde) que indican valores bajos, mínimos o poca densidad, hasta los colores cálidos (amarillo, naranja, rojo) que representan valores altos, máximos o alta concentración.




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