top of page

El agua, como la vida, es abundancia. El banco, como la muerte, escasez.

  • Foto del escritor: Comunicaciones
    Comunicaciones
  • 23 feb
  • 4 Min. de lectura

Por Cecilia Sueiro


Cecilia Sueiro, directora de Entornos por el Buen Vivir comparte una breve y punzante reflexión sobre la coyuntura actual del agua. 


“No hay límites a la avaricia por el agua y la riqueza -entendiendo que el agua vale más que el oro, como decían en Cajamarca hace más de una década-, y vemos como la “inteligencia artificial”, muy lejos de cualquier inteligencia natural o real, requiere inmensas cantidades de agua”.


La frase “el agua es vida” suena hasta trillada en el 2026. En teoría sabemos que sin agua la vida no puede existir o que su disponibilidad y abundancia delimitan la vida. Si bien es incorrecto decir que en un desierto no hay vida, en realidad la que existe está adaptada principalmente a la disponibilidad y ciclos del agua. Sabemos, aunque pareciera que lo olvidamos, que ⅔, tanto del planeta como de nuestros cuerpos humanos son agua. Esto, sin embargo, puede ser engañoso, ya que de la inmensa cantidad de agua del mundo, solo alrededor de 3% es agua dulce. Esta agua dulce es la que necesitamos los seres vivos para beber, crecer, florecer, limpiarnos, cocinar, existir. Esta agua dulce, sin embargo, se utiliza ampliamente para fines industriales y extractivos, compitiendo por la vida, muchas veces bajo la condición de quién puede pagar más por ella. 


El conflicto extractivo


En 2012 Cajamarca realizó una marcha por la vida y el agua, cientos de personas caminaron desde esa región hasta Lima, para evidenciar cómo la disputa desde grandes capitales por el agua genera muchas veces que se deje de priorizar la vida para instalar proyectos que compiten con la sociedad por el acceso a esta. Este conflicto no ha dejado de suceder. El agua es un elemento clave para la industria o para el extractivismo, ese del que quiere depender únicamente el poder en nuestro país. Además de la que se utiliza en los procesos mismos, es siempre un elemento que se vulnera en estos mega proyectos. Lo vemos en la minería, con la contaminación de agua, muchas veces cerca de las cabeceras de cuencas, es decir que todo lo que está agua abajo se contamina también; lo vemos con el petróleo, con el océano y la playa como con repsol, impregnado de petróleo, o en los ríos, en la amazonía, donde las personas no tienen otra opción más que bañarse en las aguas contaminadas; lo vemos con la agroindustria, que deja sin agua cuencas enteras para exportarla en forma de espárragos y arándanos con ganancia privada o las grandes corporaciones que logran ganancias récord con productos que envenenan la tierra y los ríos, como bayer-monsanto; lo vemos también con industrias como Coca-Cola o Nestlé, conocidos por el lobby en distintos países para acaparar agua, que deje de estar disponible como bien público y que las personas compren botellas de plástico llenas de un líquido que antes fue libre.


El agua como sujeto de derechos


El agua es indispensable para la vida, y por lo tanto debería estar puesta en el centro, ser algo que se asegura para los seres vivos antes que usarla para generar ganancia para quienes se aprovechan de los demás. Sin embargo, muchas veces hablamos del agua como “recurso”. Si bien seguramente eso busca darle un valor económico y “medible” al agua, nos pone también en una situación de mercantilización de la vida. Eso pensaba cuando leía hace unos días que la ONU ha declarado la “bancarrota hídrica”. Y es entendible el concepto, la alarma y el efecto que se busca con esto, pero no puedo dejar de pensar en ese lenguaje bancario. Frente a eso, la nota de la ONU plantea “renegociar el contrato con la naturaleza, transformar la agricultura, repartir justamente un recurso menguante y blindar los ecosistemas que aún producen agua”*. El problema es que el contrato con la naturaleza se hizo mediante una legislación que no la reconoce como sujeto, sino como materia a ser explotada y externalizada. Para poder negociar con ella hay que reconocerle derechos y autonomía, lo que significaría reconocer su derecho a existir más allá de lo que ofrece a los seres humanos, solo por el hecho de ser. Hacia eso apuntan los derechos de la naturaleza y muchas de las visiones políticas de relación con la naturaleza de pueblos no eurocéntricos.


Sin embargo, pareciera que pese a los esfuerzos que se hacen, se va en dirección contraria. No hay límites a la avaricia por el agua y la riqueza - entendiendo que el agua vale más que el oro, como decían en Cajamarca hace más de una década -, y vemos como la “inteligencia artificial”, muy lejos de cualquier inteligencia natural o real, requiere inmensas cantidades de agua. Parece cada vez más evidente que la razón que impera sobre nuestras vidas es la de la escasez y no la de la abundancia. La vida es abundante, en la muerte todo escasea. La economía bancaria y “occidental” está basada en la escasez.     


La vida aún no está perdida


Estamos en un momento de quiebre, de crisis, de desvelamiento de vulneraciones, abusos, despojos, pero no está todo perdido. Existen aún cientos de pueblos, naciones y barrios incluso que conocen los lenguajes de la naturaleza, que pueden reconocerla con sus muchas voces, que saben de sus voluntades y su persistencia por la vida. Desde nuestro lado, la sociedad humana, podemos proponer y sostener regulaciones, y límites. Empezar a hacer sentido común que no todo puede ni debe ir al mercado. Lo que se hace indispensable para la vida debería ser garantizado para todas las personas y seres vivos, por el solo hecho de existir. Finalmente, el sistema se sostiene por nuestras creencias y acuerdos. Si logramos acordar que no puede acabarse el agua disponible ni priorizarse para el enriquecimiento privado, la explotación, la extracción, podríamos revertir la vida bancaria que se nos ha impuesto, salir de sus paredes y respirar la húmeda alegría de las mañanas que nos aguardan cuando la vida florece.








*La opinión expresada es personal a la autora y no representa la postura institucional de Entornos por el Buen vivir.

Comentarios


bottom of page